SEMANA DE ECONOMÍA 2010
Durante la última semana de enero los alumnos de la 12ª tuvimos el placer de no esquiar en Saas-Grund. Año tras año se han repetido las burlas por parte de los cursos inferiores hacia los afortunados (los que se quedan en Barcelona). Obviamente nuestro curso, el del ’92, nunca actuó de semejante manera: se puede decir que hemos sido la excepción que ha cumplido la regla.
¿Por qué? No lo sabemos -¿Quizás porque somos olímpicos?-. No sabemos qué es lo que ven los alumnos en Saas que no tenga la Semana de Economía. ¿Esquí, nieve, no hacer absolutamente ningún esfuerzo mental, etc.? Vale. Puede parecer insuperable, pero nosotros vamos al cole a las 09:00 el primer día (el resto a las 08:30), tenemos teoría sobre economía empresarial desde que empezamos hasta las 13:00, dos únicas y cortas pausas, la oportunidad de hablar durante todo el día exclusivamente en alemán, llegar a casa cada día agotados por el ritmo frenético impuesto por los suizos[1], etc. Con todo, creemos que queda más que demostrada la irracionalidad de los alumnos no olímpicos.
Ahora bien, vayamos al grano. Nos han pedido que informemos de la desconocida –en vista del comportamiento de la mayoría de los alumnos- Semana de Economía. Y como somos unos mandados: ¡Oído cocina!
A principios de 12ª la mayoría de los alumnos planean algún tipo de esquiada o viaje, pero los profesores avisan de que la asistencia a dicha semana es obligatoria bajo cualquier premisa. Así, según tenemos entendido, acuden todos “de manera voluntaria”.
Uno se da cuenta con el tiempo de que para la semana siguiente a la tratada hay un exceso de trabajo. Empero, todos al unísono exclamamos que lo haremos durante el periodo llamado Wirtschaftswoche. Grave error. Cuando acaba el día, lo único que esperas es que a la mañana siguiente tu cuerpo pueda responder a lo que tu cerebro ordena, para poder comprobar cómo marchan el Dow Jones y el Ibex35. En esta semana los alumnos, separados en grupos de cinco o seis, controlan empresas ficticias, durante un periodo simulado de cuatro años, siendo recíprocamente su competencia.
La semana transcurre de la siguiente manera:
Llega el lunes: ¡No se te ocurra llegar a las 9:00:00:00:00:01! Los especialistas de Suiza traen consigo un dispositivo que marca la hora precisa de las estaciones de tren de su país. Si llegas tarde, pierdes el tren (La metáfora no es nuestra. Agradecemos al Sr. Jaus que nos la cediera. “Por si algún lector es miembro de la SGAE.”).
Una vez llegada la hora de comer (¡Gracias a dios!, pensábamos que moriríamos de cansancio.) los expertos informan de que por la tarde se tomarán las primeras decisiones vinculantes a la empresa ficticia. Así, acaba el día y ya hemos conseguido que dos empresas hayan hecho una Katastrophe. Una de ellas tenía el capitalismo extremo en las venas de sus directivos y decidieron, porque sí, hacer un recorte de plantilla. Aprovechamos la ocasión para felicitar al jefe de personal, tuvo que ser un tipo muy querido entre los trabajadores.
Pasan los días y, con una ayuda indispensable de los expertos así como de clases teóricas y de una buena familiarización con la empresa, comienzan a verse las distintas estrategias empleadas por cada grupo. Además se llena el colegio de anuncios del producto vendido, que en nuestro caso ha sido perfume.
El jueves llega la architemida junta de accionistas[2]. Se ven todo tipo de caras: algunas sonrientes y con la cabeza alta ya que han conseguido dar un gran dividendo a sus accionistas. Otros temen por su continuidad laboral; en cuatro años solo han conseguido no hipotecar las casas de los accionistas.
El viernes a mediodía nos dirigimos a Martorell para visitar la SEAT. La visita resultó muy interesante; nos explicaron la historia de la empresa automovilística y recorrimos gran parte de la enorme cadena de montaje.
De este modo acaba la –ahora querida y popular- Semana de Economía de la ESB. Sin embargo, y con su permiso, nos gustaría un momento de seriedad: Creemos que el esfuerzo realizado por parte de los expertos, la profesora de economía y el alumnado lo merecen.
A lo largo de esta semana hemos aprendido el funcionamiento muy básico de una pequeña empresa de una manera teórica y práctica. Lo más importante: hemos aprendido a trabajar en equipo como nunca antes. Pese a lo que hayamos dicho de la puntualidad, debemos añadir que tuvimos la suerte de contar con tres expertos entrañables, atentos, simpáticos, comprensivos y más compañeros que profesores. Fue gracias a esto que consiguieron entablar una relación y crear una excelente convivencia entre ponentes y alumnos.
Alejandro Fernández y Clàudia Fabó
[1] Claro, como ellos vienen de más de 1500m de altura, ¡Es como estar dopado! Eso sí, en el Tour no podrían participar.
[2] Los padres de los alumnos van al colegio, donde el alumnado, separado por empresas, hace una exposición sobre lo realizado.
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